viernes, 29 de junio de 2012

Mi lija y el viento...

Diez fueron las estrellas que me llevaron a la perdición, aunque desde la primera ya podrían ser doce, pero a la onceava ya estaba perdida...
No tengo buen sentido de la ubicación, y se me descompuso la brújula, y se me mojaron los mapas, y se volaron las carreteras y se rompieron las veredas.
Y acá estoy saltando de trozo en trozo de asfalto, esquivando los sauces llorones teñidos de rojo, y los limoneros ácidos del ex costado del camino.
Y si me preguntan, a veces me cruzo con un perro amigo, que me guía hasta la siguiente esquina y se me pierde un poco, y después me vuelve a encontrar convertido en hombre lobo y me gruñe con sus afilados y podridos dientes al aire.
No sé ya bien donde queda ese destino que persigo, al iniciar había una luz al final, pero ahora solo parce un descampado vacío, de esos que de noche no tienen ni luciérnagas, solo alfileres que se clavan en tus talones, alfileres con puntas doradas, que se clavan y se vuelven rojas.
En el camino quedaron barreras de trenes que nunca llegaron a destino, y me hacen regresar varias cuadras para después al volver a avanzar poder esquivarlas.
Pero solo sé que de todas las formas de reconstruir, la única que desarrollo es que vallas de nuevo al descampado, recojas los alfileres, y no los vuelvas a guardar en el bolsillo, porque se te pueden volver a caer, así, no sé si no será pedregoso el camino, pero me guiaré, llegaré, te quiero envolver de terciopelo, si, a vos pedazo cortado a mano de lija a medio usar...
Y sé que es mentira, que no te gustan los descampado ya, que tu agujas no las recogerás para que no me pinchen mis pies, que irás a recoger las que otro le halla dejado a alguien más...
Y a mi me recogerá las agujas el mismo viento, que como atinó a venir, y se quedó un ratito, ahora amenaza con irse, solo espero que logre arrastrar algunas de las agujas de punta dorada manchadas de rojo, y que si me ofrece volarme a mi también, solo le pido que no me lleve a otro descampado, estoy dispuesta a caminar sin prisa, aunque mi mente y mi corazón galopen cuales gacelas que huyen del puma, aunque quiera un tronado y me de una brisa, le pido señor viento que me acompañe, pero esta vez que no sea un descampado, llévame a la pradera....

Diez estrellas me guiaron, dos me dicen que por ahí no es...
Todos me dicen que por ahí no es, o que si es por ahí, que camine en paralelo, porque hay menos piedras que saltar y menos barreras que me hagan retroceder, sin embargo sé que nada puedo hacer más que solo caminar aún sin un rumbo marcado, a esperar a mi lija, o a mi viento...

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